Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra crímenes del franquismo

José María Chato Galante: “Si se reconoce que somos víctimas, también se reconocerá que hubo culpables”

Amnistía Internacional, junio 2014

Llego tarde y me sabe mal. José María Chato Galante (Madrid, 1948) lleva 43 años esperando justicia, desde que el inspector Antonio González Pacheco, Billy el Niño le torturara en la Dirección General de Seguridad de Madrid, y no merece que nadie le haga esperar más. Me recibe serio, como corresponde, pero enseguida la conversación fluye. Hablamos de tortura, él la sufrió (insisto), pero también de dignidad. Y de rebeldía. En marzo de 2012 encabezó junto a otros compañeros la denominada “querella argentina” para investigar los crímenes del franquismo que no han encontrado amparo en la justicia española. Es la memoria de un periodo que las autoridades y una parte de la sociedad tratan de enterrar.

¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando escuchas la palabra “tortura”?
Lo mucho que padecimos cuando fuimos detenidos. Tengo 66 años y me torturaron varias veces. La más grave cuando tenía 21. Recuerdo todas aquellas salvajadas y siento rabia por la impunidad. Vivo a 500 metros de la persona que me torturó y esa persona se ha retirado con las mayores condecoraciones que se le pueden dar a un policía vivo en nuestro país; y yo sigo siendo un delincuente al que no se le ha anulado su proceso. Me niegan mi derecho a la justicia.

¿Cómo se les explica a los jóvenes nacidos en democracia qué ocurrió en tiempos de Franco?
Hay un desconocimiento absoluto de lo que ocurrió. No se estudia en los institutos y cuando se hace, se tergiversa. Por ejemplo, se dice que García Lorca murió en su casa o que Machado estaba de vacaciones en el sur de Francia con su madre y resulta que, fíjate qué mala suerte, primero muere la madre y luego él… Yo doy charlas en los institutos y empiezo con preguntas como ¿en qué año fue el último fusilamiento del franquismo? Casi nadie acierta. Cuando tú les dices que fue a dos meses de la muerte de Franco [noviembre de 1975]… hasta los profesores te ponen pegas. Una parte del clima de impunidad se basa en un trabajo pertinaz de ocultación de lo sucedido. Es otro derecho que se nos niega: la verdad.

¿Cuándo conoces a Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño ?
La primera vez que me detienen, con 19 años. Era un torturador compulsivo. Alguien que hacía horas extras en la  Dirección General de Seguridad (DGS) y que disfrutaba con los abusos. Pero lo peor ocurrió en febrero o marzo de 1971. Me detuvieron sin muchas pruebas durante el estado de excepción por ser militante de la Liga Comunista Revolucionaria. Estuve en la DGS 12 o 14 días. Pierdes el conocimiento. Fue horrible: palizas, golpes, abusos… aunque lo peor es el miedo a que te destruyan, a que delates a alguien. Sabes que eso lo vas a llevar muy mal toda la vida. Conozco gente que se suicidó tras haber delatado a compañeros. A mí me salvó rebelarme mentalmente contra aquello. Recuerdo verme tirado en el suelo, orinando sangre. Estaba desnudo y atado a un radiador. Me  habían interrogado varias veces. En ese momento, la rebeldía es pensar ¡yo soy un ser humano! Eso me permitió aguantar. Para mí fue el momento clave porque sientes un dolor horroroso por todo el cuerpo, pero algo te dice que tienes que sobrevivir.
¿Pensaste que ibas a morir?
Un día que me habían golpeado mucho y no podía andar –tanto que me trasladaban al peso entre las distintas instancias– me mostraron una silla de ruedas para moverme. Fue horrible. ¡Pensaba que era la silla eléctrica! Ahí te das cuenta de que has perdido referentes de la vida normal. Te queda el instinto. Aunque estés ahí, sabes que eres un ser humano y recuerdo sacar fuerzas de donde no las había para dar patadas e impedir que me sentaran… Lo hicieron a la fuerza y entonces tuve consciencia de que era una simple silla de ruedas y me tranquilicé.
¿Qué justicia hay en España para víctimas como tú?
Tanto el capitán Jesús Muñecas Aguilar como Billy el Niño torturaron a muchas personas y España ha ratificado la Convención contra la Tortura. Deberían ser juzgados aquí por delitos de lesa humanidad. Había una policía política para perseguir opositores. Quienes dicen lo contrario mienten. En este país se torturaba sistemáticamente a presos políticos, sin duda, y a otros, en la DGS, en las comisarías y en los cuartelillos de la Guardia Civil. No juzgar a los culpables es incumplir la normativa internacional. La sensación es que las víctimas seguimos siendo los malos, los que generamos problemas en un Estado democrático.
¿Qué opinas cuando alguien dice que sólo remueven las heridas del pasado?
Es indignante. ¿De qué heridas hablamos? ¿Qué heridas tiene Billy el Niño ? Yo le puedo hablar de las mías. ¿Y la gente que tiene a su familia en una cuneta y no hay forma de recuperar los cadáveres y darles un entierro digno? Hay un sector muy interesado en que se mire hacia otro lado. No entiendo la idea de construir una democracia como es debido sobre la base de ignorar derechos humanos básicos de una parte de la población.
¿Por qué la investigación de la justicia argentina?
Ya que no podemos hacerlo en España, es una posibilidad para mantener la causa viva. Este derecho está tapiado en España. La tortura no es un delito común ni ha prescrito ni puede ser amnistiada. El mismo mecanismo que permitió abrir en España los primeros procesos contra los abusos de la dictadura argentina, es el que iniciamos nosotros en marzo de 2012 promoviendo la querella. Cuando vimos que era posible, montamos las reuniones, las asociaciones… Hay responsables de aquellos crímenes vivos. Pero nosotros somos los innombrables. Si se reconoce nuestra existencia, se reconoce también la de los que nos torturaron, la de los que nos juzgaron, la de los que nos condenaron a muerte. La justicia española hoy no está dispuesta ni a juzgarlos ni a extraditarlos. Ni siquiera a colaborar con la justicia argentina.
¿Cómo te imaginas el futuro en este tema?
Estamos más cerca. Sólo falta que un fiscal o un juez decida que lo que se ha hecho en España está mal, que hay que abrir los procesos. Eso pasó en Argentina y eso nos gustaría aquí. Creemos que está escrito y que esto va a suceder. Allí ocurrió con unos torturadores. Empezó el primer juicio y luego siguieron otros. Vamos a seguir peleando. Nuestro objetivo final es que se haga justicia en España.

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