Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra crímenes del franquismo

Los preventorios franquistas abren las jornadas sobre la Antigua Cárcel

Ángel Redondo, Diario Palentino
Las jornadas organizadas por la Asamblea contra el Archivo-Museo de la policía, con la colaboración de Izquierda Anticapitalista, la Comuna Presxs del franquismo, CGT, CNT y CSA Doble o Nada, arrancaron ayer con la charla Preventorios: Cárceles infantiles del franquismo, a cargo de Alicia García y Ángela Fernández, querellantes contra el franquismo ante la justicia argentina y ex-internas del preventorio de Guadarrama.
Ambas narraron a los asistentes la historia de estos centros en España y su experiencia en uno de ellos. Ángela Fernández relató que la excusa que daban a los padres de las menores para que fueran a los preventorios era «que querían asistir a la población infantil menos favorecida».
La tuberculosis era una pandemia en esa época y «los cuidadores decían a los padres que se iba a vacunar a sus hijos para que no contrajeran esta enfermedad», señaló Fernández. «Querían convertirnos en borregos, mediante el temor, para que no nos atreviéramos a rebelarnos contra la dictadura», subrayó.
Las ponentes explicaron que los métodos que se utilizaban en estos centros eran la «barbarie absoluta» y hablaron de terror, tortura, indefensión, desarraigo y otros métodos también utilizados contra los adultos. «Esto ocurrió durante 30 años en el Preventorio Doctor Murillo de Guadarrama y en otros diseminados por el país», expuso Fernández.
Alicia García recordó que desde 1946 hasta junio de 1975 esuvieron activos estos centros para niños de entre cinco y trece años. «Era una disciplina militar para niñas tan pequeñas. Nos trataban como seres sin importancia y el cuidado no existía».
«Solo podíamos ir al baño cuando los cuidadores nos lo permitían» y «aunque la comida era asquerosa, a las niñas las cuidadoras les obligaban a comer sus vómitos y a acabar toda la comida», añadió.
A su juicio, vivian «bajo amenaza. Todo estaba penalizado: no se podia llorar, hablar de los padres, salir de una fila…porque te llevabas un bofetón».
Visitas y correspondencia. García recordó que los padres visitaban a sus familiares un domingo al mes. «Muchos padres no se podían acercar a ver a sus hijas, por lo que algunas no recibían ninguna visita durante todo el tiempo que estaban internas». También explicó que durante las visitas de los padres, «las cuidadoras estaban pendientes de todo lo que decían las hijas a sus progenitores».
«Para nosotros era un régimen carcelario, puesto que no podíamos salir del recinto para nada, ni cuando nos visitaban nuestros padres», comentó Alicia García.
Su compañera mencionó que el correo también era una forma habitual de comunicación. «Escribíamos cartas, pero eran censuradas, o te tachaban, o te borraban, y algunas nunca llegaban». García recuerda que «cuando las niñas pedían ayuda a sus padres, los cuidadores les daban un bofetón y les dictaban lo que tenían que poner». Ángela Fernández concluyó que cuando los familiares enviaban algo a sus hijas, «todo era incautado y no llegaba nunca a tus manos».

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