Murió Nora Cortiñas, la madre de todas las batallas

Página 12

Recibimos con tristeza la noticia del fallecimiento de nuestra querida amiga y compañera de luchas, Nora Cortiñas. Desde su Argentina querida nos apoyó en nuestra lucha por conseguir Justicia para las víctimas del franquismo. Nos visitó en varias ocasiones en España siempre fue un revulsivo de nuestra pelea tanto en España como en Argentina con la querella. Nos animaba a nos desfallecer y con su ejemplo de lucha hasta el último de sus días queremos decirte, Nora: Seguiremos en la lucha.

Te vas pero estarás PRESENTE AHORA Y SIEMPRE, NORITA

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Referente de los derechos humanos, santa pagana de todas las luchas, Norita estuvo hasta principios de este mes en Plaza de Mayo –ese lugar que transitaba desde mayo de 1977. Nunca supo qué hizo la dictadura con su hijo Carlos Gustavo Cortiñas.

Nora Cortinas murió a los 94 años (Fuente: Ainara Lizarribar)

Nora Cortinas murió a los 94 años. Imagen: Ainara Lizarribar

Nora Cortiñas no es una sola: es la madre que grita frente a las cámaras, la que lleva el pañuelo blanco en la cabeza, la que porta el pañuelo verde en la muñeca, la que juega a la pelota, la que se sube a una moto, la que anda con su bastón con flores o la que se deja conducir en una silla de ruedas. Es la mujer que fue hasta sus últimos días a la Plaza de Mayo –a ese lugar en el que recaló en mayo de 1977 con la esperanza de recuperar a su hijo secuestrado por la dictadura. Nora Cortiñas, que murió este jueves a los 94 años, es eterna en la memoria del pueblo argentino que quiere verdad y justicia.

Nació el 22 de marzo de 1930. La llamaron Nora Irma Morales. Era una de las cinco hijas de una familia de españoles que se afincó en el barrio de Monserrat. Ella contaba, divertida, que era revoltosa de chica. Su papá le festejaba las salidas ocurrentes. Tuvo una infancia feliz: con cumpleaños y Reyes Magos.

Cursó hasta sexto grado –por entonces el último año— en la escuela Coronel Suárez. Después, pasó al secundario. Conoció muy jovencita a Carlos Cortiñas, que era seis años mayor. El flechazo fue intenso. Cuando ella cumplió los 18, él pidió su mano. Se casaron un año después. En 1952 nació el primer hijo de la familia, Carlos Gustavo. Después, en 1955, llegó Marcelo.

Carlos trabajaba en el Ministerio de Economía. Era peronista y admiraba profundamente a Eva Perón. Nora estaba alejada de las cuestiones partidarias. El epicentro de su vida era la casa de la familia en Castelar. Ella daba clases de alta costura y, a veces, cosía para afuera. A Carlos no le gustaba que su esposa trabajara fuera del hogar. Era muy “machista”, relataba ella.

Entendió muy rápidamente que la lucha por los derechos humanos era dinámica, que no se acababa con el reclamo de verdad y justicia por los crímenes de la dictadura. Se sumó a los Encuentros de Mujeres. Se calzó el pañuelo verde por el aborto. Se acercó a las diversidades. Estaba para denunciar los despidos o la represión. Caminó muy cerca de Sergio Maldonado cuando desapareció su hermano Santiago. En el Hospital Posadas, la sentían como su hada madrina en defensa de la salud pública.

Para el 24 de marzo, buscó la unidad de quienes salieron a la calle para reclamar verdad y justicia en tiempos de un gobierno negacionista como el de Javier Milei y Victoria Villarruel. El 9 de mayo avisó que no iría a la Plaza de Mayo para plegarse al paro general de las centrales obreras. Su última vez en ese lugar había sido una semana antes. Estuvo en la Feria del Libro en un homenaje a la periodista María Seoane.

El 17 de mayo, fue intervenida quirúrgicamente por una hernia en el Hospital de Morón y permaneció en terapia intensiva. Su salud se complicó. El cuerpo que la había sostenido tantos años en la búsqueda le jugó una mala pasada.

A las 18:41 del jueves, la familia de Nora comunicó su fallecimiento a través de un comunicado. “Profundamente preocupada en estos tiempos por la grave situación que atraviesa nuestro país y dispuesta siempre a estar presente allí donde hubiera una injusticia, Norita luchó hasta último momento por la construcción de una sociedad más justa. Nos queda el orgullo de haber compartido su vida, su impronta y su enseñanza que dejarán en su familia y en la sociedad una huella imborrable”.

A los pocos minutos de que se anunció su muerte, apareció un cartel en la reja que protege la pirámide de Mayo. “Nora eterna”, decía. Será despedida este viernes de 9 a 18 en la Casa de la Memoria y la Vida -Predio Quinta Seré, en Santa María de Oro y Blas Parera, Castelar). En el mismo lugar que en pleno exterminio Nora recorrió con la esperanza de arrebatar a su hijo de las fauces de la muerte.

Hay un modo Norita de la vida: ése que sitúa a una persona junto a las causas nobles y altruistas. Tiempo atrás, Mabel Bellucci –una de las responsables de acercarla al feminismo– decía en LatFem que la militancia trataba a Norita como una “santa”, que la invocaba en las marchas aún cuando no estaba. Será difícil no hacerlo de ahora en más. Aunque es sabido: donde hay una lucha, ahí está Norita.

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