Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra crímenes del franquismo

“Todos los niños robados son mis niños”

La titular de la Asociación Todos los Niños Robados viajó a Buenos Aires en representación de otras nueve asociaciones de víctimas para reunirse con la jueza Servini de Cubría. Tuvo un encuentro emotivo con Estela de Carlotto.

Adrián Pérez, Página12, 29.08.13

Un llamado disparó su curiosidad sobre un tema que era un secreto a voces en la familia. “¿Estás sentada?”, preguntó Carmen en el otoño madrileño de 2010. Soledad Luque Delgado regresaba a casa de una jornada laboral en la Fundación Ortega-Marañón. Al otro lado del teléfono, su hermana confesó que estaba mal por noticias sobre la desaparición de niños difundidas en la televisión. Carmen tomó coraje y avanzó: “¿Alguna vez has pensado que Francisco pudiera estar vivo?”. Soledad se desplomó en el sillón. Entonces recordó todas las veces que lo mencionó, que sintió su ausencia: momentos que con la muerte de su madre se perdieron en los laberintos de la memoria. Luque Delgado arribó a Buenos Aires el sábado para presentar por primera vez una querella por su hermano y otros niños apropiados durante el franquismo ante la jueza María Romilda Servini de Cubría. Hoy ofrecerá una conferencia de prensa, a las 11.30, en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo, con Estela de Carlotto y el abogado Carlos Slepoy, donde abordarán el robo de bebés en España, en el marco de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina.

“Dicen que soy la chica de la sonrisa permanente”, afirma durante la sesión de fotos en Parque Lezama. El ceño distendido cambia a gesto de preocupación mientras cuenta el caso de Francisco y el de otros españoles. La titular de la Asociación Todos los Niños Robados son también mis niños (https://www.facebook.com/familialuquedelgado) viajó a la Argentina en representación de otras nueve asociaciones de víctimas por el robo de bebés. En diálogo exclusivo con Página/12, narra su historia y la de su hermano mellizo, nacidos el 25 de enero de 1965 en la Maternidad Provincial de O’Donnell, en Madrid. El nacionalcatolicismo y la dictadura franquista estaban en pleno auge. Con el tiempo, Soledad supo que esa maternidad había sido uno de los centros donde se produjo la mayoría de las desapariciones de bebés. Cuando dio a luz a Francisco, la madre tenía 38 años y el padre 41. El pequeño fue enviado a una incubadora porque, según los médicos, no tenía el peso suficiente.

El 18 de febrero los galenos informaron a los Luque Delgado sobre la mejoría del niño. En dos días podrían llevárselo. Al día siguiente, en una visita rutinaria, dijeron que el bebé había fallecido. Los padres quisieron reconocer a Francisco, pero en la maternidad indicaron que debían esperar porque el cuerpo estaba en el depósito. Cuando regresaron, les dijeron que los restos habían sido incinerados y las cenizas habían desaparecido. “Nunca vieron a mi hermano muerto, no había nada que enterrar”, señala Soledad. Las familias españolas, añade la profesora de Lingüística y Fonética de la Fundación Ortega-Marañón, podían enfadarse o sentirse frustradas por no tener el cuerpo del hijo, pero no pensaban que los habían robado. Trataban con figuras de autoridad: médicos y monjas eran amparados por instituciones incuestionables como el registro civil, el hospital o la Iglesia Católica. “A un niño no se le da por muerto si no está un médico firmando el certificado de defunción. Las religiosas de la maternidad atendían las plantas de incubadoras”, describe la querellante el escenario en O’Donnell.

En la maternidad señalaron que Francisco había muerto de meningitis. En principio sólo hubo partes orales que el médico Luis González Coviella, fallecido en 2011, brindó a los Luque Delgado. “Mi madre quedó en shock, sin que hubiera sitio donde llevar flores. Estuvo en duelo hasta que murió”, confía Soledad. Aunque se sabía sobre el robo de bebés, asegura la querellante, en España eso se consideraba una leyenda urbana. A tal punto que cuando dio a luz a su hija, una vecina le advirtió a Soledad que tuviera cuidado, porque los niños desaparecían en los hospitales. “Estos son cuentos de vieja. ¡Cómo van a desaparecer los bebés!”, pensó. Las mujeres que cuestionaban las desapariciones eran consideradas locas. Algunas, incluso, fueron confinadas en psiquiátricos.

El padre trabajaba de albañil, la madre era ama de casa. “Estamos hablando de una de las muchas familias obreras pertenecientes a un colectivo enorme: el sector perdedor de la guerra. No hay familia pudiente que haya sido robada, eran ellos quienes cogían a los niños.” El robo de bebés durante el franquismo se destapó en Zaragoza, en 2008, cuando un hombre de 38 años se enteró por su padre, que agonizaba, que había sido comprado. La búsqueda de Francisco comenzó dos años después. Luego del llamado de Carmen, Soledad no durmió dos días. “Buscamos porque nuestra madre perdió a su hijo, nos lo quitaron, desapareció. Asumimos el rol de madre y hermanas”, enfatiza. Con el tiempo encontraron un certificado de enterramiento en el cementerio de Nuestra Señora de La Almudena y otro certificado de fallecimiento del registro civil de Madrid, sin la firma de médicos. En este documento, González Coviella asegura que atendió de meningitis al bebé desde su nacimiento. Esa versión contradice los partes orales en la maternidad. Sin el testimonio de sus padres, ya fallecidos, a Soledad sólo le queda el recuerdo de José, su hermano mayor.

Los mellizos fueron los últimos bebés nacidos el 25 de enero de 1965 en un parto gemelar de nalgas. El primer nacimiento del día siguiente se produjo también por ese método: esa mujer abandonó el hospital el 20 de febrero. La madre de Soledad lo hizo el 30 de enero. “Es imposible en aquella época, en una institución pública, que permitieran a las señoras estar tanto tiempo en el hospital –analiza la querellante–. Cuando dejaban de sangrar, las mandaban a casa”, completa. También afirma que el parto de nalgas es un nacimiento poco habitual y pide que se investigue quién es esa señora, cuyo nombre aparece tachado en un registro. Finalmente, los Luque Delgado interpusieron una denuncia, en mayo de 2011, ante la Fiscalía Provincial de Madrid. En febrero de 2012, el fiscal jefe Eduardo Esteban Rincón archiva la demanda por “ausencia de indicio de delito”. En octubre de ese año, los Luque Delgado lanzaron una campaña con el lema: “Todos los niños robados son también mis niños”.

–¿Por qué eligieron ese nombre para la asociación?

–Nos dimos cuenta de que el robo de bebés se produjo durante tantísimo tiempo, en el territorio español, y toda la sociedad estuvo implicada como víctima o apropiadora. Y los que no, miraban para otro lado. No busco sólo a mi hermano; busco al hijo de mi vecina, a la sobrina de aquella señora que está ahí llorando. Los niños desaparecidos no son casos individuales, es una causa de todos.

Al menos 30 mil bebés fueron robados en España hasta 1952. Los niños eran separados, para reeducación, apelando a una hipóteis esbozada por Antonio Vallejo-Nágera, psiquiatra que emparentó a los republicanos con una enfermedad genética. “Bastaba con que tuvieras ideas no afines a los vencedores para que fueras catalogado como portador del gen rojo”, destaca la mujer. Muchos niños fueron entregados a cambio de dinero o favores. ¿Qué sector social se vio perjudicado en los años siguientes? Familias numerosas, humildes, mamás solteras y toda mujer que no estuviera integrada a la estructura del régimen. “Después de la guerra ya no se trata de una represión política, sino que hay una visión social e ideológica”, asegura Soledad, y señala que no hay ruptura entre una etapa y otra. Agrega, además, que sin una connivencia del Estado, no puede producirse una desaparición masiva de bebés.

–Es una estructura montada desde ese Estado para el robo de niños.

–Porque creemos que hay patrones comunes, que somos víctimas de una dictadura y de su herencia posterior estamos participando en la querella argentina. En España se produjo un plan sistemático.

Tras los pasos de su hermano, Soledad se apoyó en la colaboración de los abogados Carlos Slepoy y Ana Messuti, y del ex preso político José María “Chato” Galante. Dice que viajó a Buenos Aires para dejarle a Servini de Cubría, en la mesa de su despacho, la querella como asociación y damnificada. También quiere hacerle ver a la jueza que en España hay gente que la necesita, espera su intervención y confía que lo pueda hacer. “No hay nadie encausado por el robo de bebés, la mayoría de las denuncias se archivan por falta de pruebas o prescripción”, sostiene la lingüista. Si se tipifica como detención ilegal, el delito prescribe quince años después de que la persona apropiada cumple 18 años. En caso de ser considerado detención ilegal con carácter permanente, ese lapso comienza a correr cuando se encuentra al bebé robado.

El martes pasado, Soledad se reunió con Estela de Carlotto. La activista madrileña destaca que el encuentro fue emocionante porque las Abuelas de Plaza de Mayo son un referente de lucha. Hablaron de la cuestión sentimental que significa la desaparición del bebé y del proceso de búsqueda. “Por primera vez conseguí en una conversación, sin muchas palabras, que entendieran lo que estaba sintiendo”, cuenta la querellante. Y, por último, confía: “De estar viva, mi madre hubiera sido una Estela de Carlotto, hubiera sido una madre coraje”. Hasta el momento, señala la mujer, sólo se recuperaron doce bebés robados. Los Luque Delgado no le piden a Francisco que deje a su familia adoptiva. Lo que quieren es que sepa que fue robado y desaparecido y averigüe su identidad. La decisión de reencontrarse con ellos, siempre será su propia decisión.

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